“Educad a los niños y no será necesario castigar a los hombres” (Pitágoras)
       

 

Editorial


El famoso “SUEÑO DE LA CASA PROPIA” constituye el ideal más alto de la mayoría de los seres humanos, si convenimos que es en el hogar desde donde se gobiernan, estados, monarquías o principados y si ése hogar se levanta desde la perspectiva de un techo propio.

El más grato sentido de pertenencia que experimenta un individuo es desde la perspectiva de la casa propia. Por tanto se cree que la hegemonía de un hogar, se disfruta plenamente si éste tiene una casa propia.

Si reconocemos que: “EL HOGAR ES EL TEMPLO DE LA FAMILIA”, admitiremos que es por ese concepto que las personas tienen especial cuidado en el momento de elegir donde echará sus raíces ese hogar.

El tema de la casa propia es un concepto digno de cualquier estudio por parte de quienes intervienen en la construcción de una vivienda, ya que tiene que ver con muchos aspectos de la vida cotidiana de cada persona.

Cuando alguien recuesta su cabeza bajo el techo propio, siente la seguridad de tener los pies en suelo seguro, además de tener una amplia visión de esperanza en el futuro para sus hijos. De ahí que la casa propia es un criterio utilizado para medir la calidad de vida y el estado de felicidad de los pueblos.

“Educación y casa paterna o materna, dice Calderón, son las dos cosas principales que muchos aspiran a heredar a sus hijos y a sus nietos. Por lo general, los negocios o el dinero en rama son los bienes que se evaporan más fácilmente entre una generación y otra. Lo que más perdura en manos de los descendientes tiende a ser las casas de los padres o las casas de los abuelos”.

Para una persona común que no es propietario de su vivienda, poder tener casa propia es como ganarse la lotería. Quien ha tenido la fortuna de hacerse a su propio techo, lo ve como un logro personal de gran valía. La casa propia le da dignidad, la certeza de que valió la pena la lucha por la sobrevivencia, en especial para las personas de ingresos restringidos, donde se encuentra la mayor parte de los ciudadanos del mundo.

En un sentido más pragmático, tener casa propia abre muchas puertas, pues es el activo más importante de la mayoría de los ciudadanos del mundo que viven en las ciudades.
Una casa propia significa para su dueño no sólo la posibilidad de poder tumbar las paredes por dentro y reconstruirlas a su antojo, o de pintar las puertas del color que mejor se avenga a su gusto, sino que también significa más probabilidades de obtener un crédito en un banco o un préstamo de un amigo.

La casa propia no solo significa poder elegir sus colores y decorado, de hacer esto o aquello dentro de sus predios, sino que además significa ser sujeto de crédito de amigos o instituciones financieras.
Vale decir que, en casi toda circunstancia, la persona prefiere entregar el carro o vender su negocio para pagar una deuda, antes que salir alegremente del "nido" donde ha visto crecer a sus hijos. Es por esto que perder la casa en la que se han echado raíces, suele ser visto como una de las peores tragedias que pueden sucederle al prójimo.
De tal manera que cualquier Estado que provea a sus ciudadanos más desprotegidos, una casa propia, será gratamente recordado por muchísimas generaciones.

 

 

Daniel Bienes Raíces  - Calle Los monos # 11
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