| Editorial
El famoso
“SUEÑO DE LA CASA PROPIA”
constituye el ideal más alto de la mayoría
de los seres humanos, si convenimos que es
en el hogar desde donde se gobiernan,
estados, monarquías o principados y si ése
hogar se levanta desde la perspectiva de un
techo propio.
El más grato sentido de pertenencia que
experimenta un individuo es desde la
perspectiva de la casa propia. Por tanto se
cree que la hegemonía de un hogar, se
disfruta plenamente si éste tiene una casa
propia.
Si reconocemos que: “EL HOGAR ES EL TEMPLO
DE LA FAMILIA”, admitiremos que es por ese
concepto que las personas tienen especial
cuidado en el momento de elegir donde echará
sus raíces ese hogar.
El tema de la casa propia es un concepto
digno de cualquier estudio por parte de
quienes intervienen en la construcción de
una vivienda, ya que tiene que ver con
muchos aspectos de la vida cotidiana de cada
persona.
Cuando alguien recuesta su cabeza bajo el
techo propio, siente la seguridad de tener
los pies en suelo seguro, además de tener
una amplia visión de esperanza en el futuro
para sus hijos. De ahí que la casa propia es
un criterio utilizado para medir la calidad
de vida y el estado de felicidad de los
pueblos.
“Educación y casa paterna o materna, dice
Calderón, son las dos cosas principales que
muchos aspiran a heredar a sus hijos y a sus
nietos. Por lo general, los negocios o el
dinero en rama son los bienes que se
evaporan más fácilmente entre una generación
y otra. Lo que más perdura en manos de los
descendientes tiende a ser las casas de los
padres o las casas de los abuelos”.
Para una persona común que no es propietario
de su vivienda, poder tener casa propia es
como ganarse la lotería. Quien ha tenido la
fortuna de hacerse a su propio techo, lo ve
como un logro personal de gran valía. La
casa propia le da dignidad, la certeza de
que valió la pena la lucha por la
sobrevivencia, en especial para las personas
de ingresos restringidos, donde se encuentra
la mayor parte de los ciudadanos del mundo.
En un sentido más pragmático, tener casa
propia abre muchas puertas, pues es el
activo más importante de la mayoría de los
ciudadanos del mundo que viven en las
ciudades.
Una casa propia significa para su dueño no
sólo la posibilidad de poder tumbar las
paredes por dentro y reconstruirlas a su
antojo, o de pintar las puertas del color
que mejor se avenga a su gusto, sino que
también significa más probabilidades de
obtener un crédito en un banco o un préstamo
de un amigo.
La casa propia no solo significa poder
elegir sus colores y decorado, de hacer esto
o aquello dentro de sus predios, sino que
además significa ser sujeto de crédito de
amigos o instituciones financieras.
Vale decir que, en casi toda circunstancia,
la persona prefiere entregar el carro o
vender su negocio para pagar una deuda,
antes que salir alegremente del "nido" donde
ha visto crecer a sus hijos. Es por esto que
perder la casa en la que se han echado
raíces, suele ser visto como una de las
peores tragedias que pueden sucederle al
prójimo.
De tal manera que cualquier Estado que
provea a sus ciudadanos más desprotegidos,
una casa propia, será gratamente recordado
por muchísimas generaciones.
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